Es una enfermedad crónica que, en los casos poco complicados, se puede mantener bajo control cambiando ciertos hábitos.


Se calcula que en torno a veinte de cada cien personas tienen hernia de hiato. Es un trastorno del aparato digestivo muy frecuente en personas mayores de cincuenta años. Sin embargo, muchos de los afectados no lo saben, ya que solo un diez por ciento de ellos presenta síntomas. Es importante saber en qué consiste esta alteración, qué molestias y consecuencias puede ocasionar y qué debemos cambiar en nuestros hábitos de vida o alimentación.

¿Qué la produce?

Cuando se debilitan los músculos que controlan la apertura que comunica el esófago con el estómago (el hiato del diafragma), los ácidos del estómago pueden fluir hacia el esófago y causar inflamación o incluso provocar que parte del mismo penetre en la cavidad del tórax, originando una hernia de hiato.

Entre las causas que favorecen la aparición de una hernia de hiato destacan las que tienen que ver con el aumento de la presión abdominal (sobrepeso u obesidad, estreñimiento, embarazo, tos crónica o vómitos repetidos durante periodos largos de tiempo), pero también se relaciona con el tabaco, con la realización de esfuerzos físicos intensos e incluso con el estrés.

Cuando hay molestias…

La hernia de hiato no siempre da síntomas, pero si aparecen, los más frecuentes son:

  • Reflujo gastroesofágico (los líquidos ácidos del estómago ascienden hasta la boca), con sensación de ardor o quemazón, que puede incluso ulcerar el esófago (esofagitis). Esta molestia suele empeorar al agacharse o al inclinarse hacia delante, después de las comidas o al estar acostado.

  • Dificultad para tragar.

  • Malas digestiones, con náuseas, vómitos, eructos y gases.

  • Falta de apetito.

  • Opresión en la zona del corazón, ya que esa parte del estómago puede estar comprimiendo el músculo cardíaco.

  • Dificultad y/o dolor al respirar en el pecho y las costillas.

Estos síntomas pueden hacer sospechar al médico la existencia de una hernia de hiato, pero el diagnóstico certero ha de hacerse mediante pruebas que permiten visualizar el interior de los órganos digestivos, como una radiografías con contraste, una gastroscopia o métodos más específicos, como una manometría esofágica o una pHmetría de 24 horas.

¿Cómo se trata?

El tratamiento de la hernia de hiato se dirige a aliviar los síntomas y prevenir las complicaciones. Los medicamentos que se emplean tienen el objetivo de disminuir la acidez de estómago (antiácidos y antisecretores) o para favorecer el vaciamiento del estómago (procinéticos).

El tratamiento quirúrgico (funduplicatura), que se puede realizar en la mayor parte de los casos mediante laparoscopia (cirugía mínimamente invasiva), se emplea, entre otros casos, cuando el tratamiento médico y el cambio de hábitos no es efectivo, cuando la hernia tiene un gran tamaño o cuando se ha producido esofagitis severa por reflujo gastroesofágico.

¿Qué tienes que cambiar?

  1. Tu peso, si te sobran unos cuantos kilos. Al situarte en un peso saludable, las molestias se aliviarán bastante.

  2. Tus hábitos tóxicos: Si fumas, ya tardas en dejarlo, porque el tabaco contiene sustancias que aumentan la acidez. Abusar del café o del alcohol tampoco le va bien a tu hernia de hiato.

  3. Tu ritmo de vida. ¿Vas demasiado deprisa? ¿Te superan los nervios? ¡Frena! El estrés es uno de los mayores enemigos del aparato digestivo y tiene que ver con muchas hernias de hiato.

  4. Tu ropa: No, no hace falta que renueves todo tu armario, solo tienes que dejar de ponerte los pantalones, fajas, pantys y faldas que te aprieten demasiado el abdomen.

  5. Tu hora de cenar: Es mejor cenar al menos dos horas antes de irte a la cama para evitar que los ácidos del estómago te provoquen reflujo.

  6. Tu cama: La posición del tronco cuando duermes también tiene importancia. Para evitar el reflujo, coloca tacos de madera en las patas de la cabecera de tu cama para elevarla de 8 a 10 centímetros por esa zona. No intentes elevar el tronco apoyándote en cojines o almohadas, porque forzarás el cuello y puedes producirte lesiones en la espalda. Una cama articulada es la mejor opción.

Comer mejor te sienta bien

  • Haz 5 ó 6 pequeñas comidas al día. Es mejor que darte grandes atracones en el almuerzo y en la cena.

  • Cocina con poca grasa, evitando los fritos y las salsas pesadas.

  • Evita los picantes, la pimienta y otras especias fuertes. Si usas vinagre, mejor toma el de manzana.

  • Elimina de tu dieta el chocolate, el alcohol, el café, las bebidas con gas, la menta y la hierbabuena.

  • Cuidado con la temperatura de los alimentos: si los tomas muy fríos o muy calientes, pueden irritar tu mucosa gástrica.

  • Toma legumbres, pero en poca cantidad y bien cocidas.

  • Prescinde de las verduras que producen gases (col, coliflor, puerro, cebolla, repollo…).

  • Los lácteos, mejor que sean desnatados.

  • Mastica muy bien los alimentos y come sin prisas, para ayudar a que tus digestiones sean más fáciles.

Toma nota: La fruta siempre tiene que estar madura y no ser ácida. Puedes prepararla triturada, asada o en compota. ¡Verás qué digestiva!

 

 

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