Hablamos de azúcar alto en sangre cuando tenemos 125 mg/dl en ayunas, o más de 200 mg/dl después de comer. Es muy importante llevar un tratamiento adecuado y constante, tanto si es diabetes infanto-juvenil (tipo 1) o diabetes de adulto (tipo 2).

 

Un proceso progresivo, pero “silencioso”

La clave de la diabetes está en que cuando falta insulina –hormona segregada por una glándula del aparato digestivo llamada páncreas–, el transporte de la glucosa al interior de las células se bloquea. Al estar entonces mal nutridas, las células se deterioran, a la vez que sube mucho la glucosa en la sangre (hiperglucemia). Esto sucede en la pared de los pequeños vasos (microcirculación), lo que altera progresivamente su estructura, haciendo que pierdan elasticidad y envejeciendo todo el sistema arterio-venoso, lo que va provocando un mal funcionamiento del organismo. La salud está muy ligada a la integridad de los vasos sanguíneos y la diabetes lesiona precisamente arterias y venas sin darnos cuenta, pero de forma definitiva. 

La prevención depende mucho de ti 

  1. Apóyate en tu Centro de Salud y cuídate tú mismo:

Recuerda que las enfermeras del Equipo de Atención Primaria agilizan todo lo relativo al tratamiento de los diabéticos: revisiones, vacunaciones, abandono de hábitos tóxicos y pruebas médicas. Las visitas al endocrinólogo se programan dos veces al año si no hay complicaciones.

Además, saber utilizar bien el glucómetro y el tensiómetro y hacerse correctamente los controles de orina son habilidades importantes que deben dominar los diabéticos.

  1. Evita el sobrepeso y haz más ejercicio físico:

Cada paciente diabético necesita, además del tratamiento médico, una dieta estricta que le permita mantener su actividad física y evitar el sobrepeso y la obesidad (dieta hipocalórica).

Se distribuye normalmente en cinco comidas al día y se aconseja beber al menos dos litros diarios de agua.

Al mismo tiempo, la práctica regular de ejercicio físico estimula la circulación periférica y disminuye la aparición de trombosis venosa.

  1. Controla tu tensión arterial:

Es indispensable que la tensión arterial sistólica no suba de 140 mm Hg. y la tensión arterial diastólica no llegue a 90 mm Hg. Tratar la aparición de hipertensión arterial con fármacos específicos y una dieta baja en sal, generalmente baja en calorías, con pocas grasas animales y mucha fibra, es importante para disminuir la probabilidad de sufrir infartos cerebrales o cardíacos.

  1. Una revisión ocular periódica:

El ojo es la única estructura donde se ven directamente los vasos y la estructura nerviosa de la retina, por lo que es posible detectar en ellos daños sensoriales y circulatorios provocados por una diabetes mal controlada. Para prevenir cualquier anomalía y comprobar la agudeza visual, es imprescindible para todas las personas diabéticas hacerse cada año una exploración oftalmológica que incluya fondo de ojo.

  1. Mantén a raya el colesterol y los triglicéridos:

Tener el azúcar alto provoca también un aumento de los niveles de grasa en la sangre. Controlar estas cifras (colesterol, menos de 200; y triglicéridos, menos de 150) con dieta y fármacos es importante para preservar la elasticidad de los vasos y evitar estrechamientos del diámetro de las arterias y las venas.

  1. Vigila tus riñones controlando la micro-albuminuria:

Si la diabetes ataca los vasos pequeños, los riñones, que están formados por millones de estructuras vasculares filtrantes muy pequeñas, son firmes candidatos para la aparición de lesiones.

Los expertos consideran que comprobar la existencia de micro-albuminuria (presencia de albúmina en la orina) es un dato que alerta del inicio de patología renal en la diabetes, por lo que aconsejan que se evalúe una vez al año.

  1. Mide tu nivel de hemoglobina glicosilada:

Una cifra de glucemia valora solo cómo está el azúcar en ese momento. Si medimos además la hemoglobina glicosilada, sabremos cómo ha sido el control de la glucosa en las últimas ocho semanas. Si este dato supera el 7% de la hemoglobina total en sangre, indica que se ha sufrido periodos largos de hiperglucemia y hay que ajustar tratamiento y dieta.

Es un parámetro que el médico solicitará en todos los análisis de sangre del paciente diabético.

  1. Cuida tus pies con esmero:

La disminución de la sensibilidad nerviosa en los pies, irrigados por vasos muy finos, condiciona que algunos diabéticos padezcan complicaciones importantes. Higiene constante y tratar las infecciones y lesiones de la piel precozmente son aspectos fundamentales.

Muy importante

Tener la glucosa alta en sangre supone un serio riesgo de que aparezcan lesiones en los ojos, los riñones, los nervios periféricos y también en el corazón, el cerebro (son órganos muy vascularizados) o en los pies (por problemas neurológicos y vasculares a la vez). Estos órganos “diana” de la diabetes empiezan a deteriorarse a los pocos años de comenzar la enfermedad, y los daños son mayores si no se controlan con eficacia las variaciones anormales de azúcar.

 

Hay numerosas asociaciones de diabéticos en España. Consulta la web www.fundaciondiabetes.org.

 

 

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