El bienestar de esa persona que tienes a tu cargo depende de tu propio bienestar.


Nadie puede atenderle como yo” “Depende de mí para todoson sentencias demasiado frecuentes en boca de las personas que se encargan de cuidar en casa a un familiar de edad avanzada, a una persona enferma o dependiente, que en un 83% son mujeres (hijas, esposas o nueras), con una media de edad de 52 años. Esa voluntad de estar las veinticuatro horas pendiente y alerta supera con creces las fuerzas físicas y mentales de estas cuidadoras. Pero ellas mismas saben –aunque lo nieguen– que tienen un límite.

Al cansancio acumulado tras mil tareas que atender y noches en vela se suma un cada vez mayor aislamiento social de las cuidadoras, puesto que se reducen al mínimo sus relaciones personales. Tienen que enfrentarse además a disputas familiares provocadas por su incomprensión, y tienen que salir adelante a pesar de que las ayudas sociales y económicas resultan siempre insuficientes. Y terminan cayendo en un agujero de ansiedad, estrés, insomnio, cansancio, depresión, frustración, cambios de estado de ánimo, lesiones musculares, hipertensión…. 

Creen tener todo bajo control, pero siempre tienen una tarea pendiente: cuidar de sí mismas. Olvidan que no solo se merecen estar bien ellas mismas, sino que además su propio bienestar les ayuda a atender mejor a la persona que tienen a su cargo.

Tienes derecho a estar bien

Si eres cuidadora o cuidador, tienes que concederte el derecho de darte un respiro cada día y desahogarte de la tensión. No cargues toda la responsabilidad sobre tus hombros. 

Los Servicios Sociales autonómicos y municipales ponen a tu alcance centros de día –algunos de ellos abiertos incluso durante los fines de semana–, programas de apoyo en vacaciones o residencias, entre otros recursos. No pierdas la oportunidad de asistir a talleres para cuidadores, en los que especialistas te proporcionarán información sobre la enfermedad y los cuidados que necesita la persona dependiente, para que la tarea deje de ser tan dura de afrontar para ti.

Infórmate en tu ayuntamiento, organismos competentes de las comunidades autónomas, teléfonos y oficinas de atención al ciudadano o asociaciones de pacientes.

Lo primero eres tú:

  • Dedícate al menos una hora al día, y no te sientas culpable por ello.

  • Busca y acepta el apoyo de tu familia.

  • Habla sobre como te sientes con tus allegados. No te dé vergüenza exteriorizar tus sentimientos.

  • Ponle límites al enfermo. Tratarle con cariño no es tener que ceder ante todas sus exigencias.

  • Evita adquirir responsabilidades que no te competen.

  • Intenta comprender su frustración o agresividad. Pide ayuda al médico si muestra contigo una agresividad desmesurada.

  • Estimúlale y ayúdale a hacer tareas que pueda desempeñar.

 

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