Consejos para una piel sin brillos faciales

Las pieles grasas son las que más problemas dan en verano, porque el aumento de la sudoración acentúa la tendencia natural de este tipo de pieles a producir un exceso de sebo, pudiendo dar lugar a brotes de acné, puntos negros, comedones, dermatitis seborréica y otras alteraciones que normalmente proliferan con la acción del sol.

Si es tu caso, para que luzcas una piel reluciente, ¡pero no por los brillos!, sino por su buena salud, ten siempre presentes (y sobre todo, en verano) estos cuidados imprescindibles.

Piel “requetelimpia”

La higiene de la piel del rostro es tu norma número uno si quieres que la producción de grasa se regule. Incluso si no te maquillas, cada mañana y cada noche debes lavarte la cara con un gel o jabón astringente –pero que no reseque– para eliminar la grasa y la contaminación que se van impregnando en tu piel a lo largo del día. Si utilizas maquillaje, la higiene diaria debe comenzar con un buen producto desmaquillandor no graso.

Hidrátate a fondo

Una buena hidratación permite al organismo eliminar mejor todo tipo de toxinas a través de la piel. Para que esta se reequilibre a pesar de los calores del verano, toma líquidos a lo largo de todo el día (preferentemente agua) y aplícate por la mañana y por la noche una crema hidratante especialmente indicada para pieles grasas, incluso aunque después te vayas a maquillar.

Exfoliación semanal

Una o dos veces a la semana (y mejor por la noche), complementa la higiene habitual con un gel exfoliante, frontando con suavidad con una esponjita para desincrustar y arrastrar todo rastro de grasa, impurezas y células muertas que hayan quedado en tu piel. Ten precaución en esta tarea si tienes granitos y rojeces, para no agravar las lesiones. 

Tonifica y refresca tu cutis

Te ayudan a cerrar los poros y evitar que salgan espinillas y barros, permitiendo que tu cutis este mejor cuidado. Si decíamos que lo primero es la higiene, terminar con un tónico facial que ayude a cerrar los poros abiertos y a regular la grasa. 

Elige bien tu base de maquillaje

Encuentras bases de maquillaje por pocos euros hasta en los bazares de baratillo, pero no caigas en el error de comprar cualquier marca de dudosa calidad, porque puedes estropear tu piel, y cuanto menos, el resultado no será el deseado, porque pueden estimular aún más la producción sebácea de tu piel. Pregunta en la perfumería o tienda de cosméticos cuál es la que más te va. Ten en cuenta que algunos que se venden como “especiales para pieles grasas” pueden resecar en exceso ciertas zonas de la cara acentuando las arrugas y granitos si te aplicas demasiada cantidad de producto. 

Si, con todo, con el paso de las horas te salen brillos, usa el truco de las mujeres japonesas, admiradas por su aterciopelado cutis: aplícate un papel de arroz por las zonas más grasas (se vende en pequeñas libretitas).

Vitaminas que ayudan

Como sabes, la piel también se alimenta de lo que comemos, y si le damos los nutrientes que necesita, lucirá un buen aspecto y las glándulas sebáceas se regularán mejor. Toma abundantes frutas y hortalizas ricas en vitamina C (para aumentar tus defensas contra las bacterias causantes del acné), aumenta tu ingesta de fibra y reduce la grasa limitando los embutidos, todos los dulces y los platos precocinados. Mejorarás el aspecto de tu rostro y, al mismo tiempo, todo tu organismo.

¡Mascaríllate!

Te proponemos que hagas tu propias mascarillas en casa, ¡más barato, imposible! Por ejemplo, antes de ir a dormir, al cutis graso le sienta de maravilla el huevo batido mezclado con un buen chorro de limón. Extiéndelo bien y deja reposar diez minutos (si tienes granitos o áreas inflamadas, solo cinco minutos). Aclara bien con agua fría. No olvides lavarte bien la cara previamente. Conseguirás poros más limpios y piel más mate.

Espejito, espejito

La belleza de tu piel depende, y mucho, de tu equilibrio emocional. Los nervios, el estrés y la ansiedad se reflejan claramente en el estado de tu piel, y una señal de este desequilibrio es el exceso de grasa cutánea, porque las tensiones aumentan la sudoración sin que a la piel le dé tiempo a reaccionar e impiden una correcta eliminación de las toxinas. Suena a tópico, pero es realidad: aprende a controlar y a superar el nerviosismo del día a día, ¡y tu piel dará su mejor cara!

 

 

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