Cenas navideñas: 10 reglas para una noche de paz

La Navidad saca lo mejor y lo peor de cada uno. Y las celebraciones familiares, aún más. Para que este año tengas la fiesta en paz, le hemos pedido consejo al psicólogo Sergio García Soriano. Y estas son las diez reglas de oro que nos propone.


El espíritu cordial que se le presuponen a las fiestas de Navidad y Fin de Año puede, en ocasiones, acabar saltando por los aires por rencillas o conflictos latentes que reaparecen durante las comidas familiares. Celebraciones en las que, lejos de brillar la armonía, a la mínima estallan los reproches por asuntos presentes y pasados. Evitar que estas noches de paz se conviertan en noches de conflicto es posible. ¿Pero cómo? Según explica Sergio García Soriano, psicólogo clínico y experto en intervención social, existen algunos trucos para que las celebraciones navideñas no acaben como una batalla campal: no tocar en las conversaciones temas que siempre generan polémica, como la política, la religión o el fútbol; limitar el alcohol que ingieren los comensales; fomentar un ambiente armónico en lo decorativo y lo musical; y reducir a 90 minutos, como mucho, el tiempo en torno a la mesa, disminuyendo, si es necesario, el número de platos previstos en el menú. Estos son los diez trucos maestros del especialista:

  1. Pide a todos que no monten el número: Si en tu familia ya han existido tensiones anteriores entre algunos de sus miembros, tu papel como anfritrión o anfitriona es tratar de convencer a las dos partes enfrentadas (o al menos a una de ellas) para que la escena no se vuelva a repetir. Una buena idea es pedirles por favor que no entren al trapo de las posibles provocaciones de la otra parte.

  2. En la mesa, ni política ni religión: La disparidad de opiniones en temas sensibles como la política, la religión o incluso el fútbol pueden generar conflictos entre los comensales. La mejor forma de evitarlos es no incluirlos en el “orden del día”. Y si a alguien se le ocurre sacarlos. debes tener la suficiente rapidez y mano izquierda para desviar la conversación a temas menos polémicos.

  3. De las notas de los niños no se habla: Aunque puede parecer sensato, e incluso de buena educación, interesarse por los resultados escolares de los más jóvenes de la familia, el simple hecho de preguntar por ellos puede molestar a sus padres y derivar en discusiones, tanto entre los que preguntan y los cuestionados como entre los propios padres del niño sobre el que se habla. La razón es que los suspensos de los hijos hace que algunos padres se sientan inferiores frente a los padres de los que sí aprueban u obtienen buenos resultados académicos.

  4. No cargues la mesa: aumenta el estrés: Apostar por una mesa cargada de copas, platos, cubiertos, centros de mesa y velas puede generar agobio entre los comensales. Si lo haces los estás sometiendo, sin querer, a un examen en el que deberán escoger con qué tenedor o cuchara empezar a comer o con qué copa brindar. La “elegancia discreta” es una de las recetas por las que apuesta Sergio García.

  5. Ten todo preparado antes de que lleguen los invitados: Por baladí que pueda parecer, si la comida o la cena de Navidad se celebra en tu casa deberías tener todo listo en antes de que lleguen tus invitados. Y no se trata solo de estar vestido, sino de tener preparada la mesa y la comida. El mejor sitio del anfitrión en las celebraciones familiares no es la cocina ni el recibidor, sino el salón comedor donde tiene lugar la fiesta. Su papel es mediar y controlar la conversación de principio a fin. Y si estás a otras tareas no lo podrás hacer.

  6. Villancicos no; mejor, jazz o clásica: ¡Ojo! Pese a que los villancicos pueden parecer un buen hilo musical para acompañar las celebraciones navideñas, su tono no suele ser nada relajante. Aunque no hay reglas estrictas que garanticen la paz social, lo más aconsejable es apostar por una música de ambiente distendida y relajada, como el jazz suave o la música clásica.

  7. Alcohol sí, pero con mesura: Si bien las bebidas alcohólicas pueden ayudar a que nos sintamos más distendidos, ingerirlas en exceso puede llevarnos a situaciones comprometidas si alguno o algunos de los comensales envalentona y comienza a hacer comentarios desafortunados o dañinos para uno o varios de los presentes. Si la cena o la comida va a estar regada con vino, es conveniente que limites el alcohol del aperitivo, ofreciendo solo bebidas de baja graduación alcohólica o directamente bebidas sin él. En la sobremesa, sirve las copas que sean necesarias, pero nunca dejes las botellas de alcohol sobre la mesa.

  8. Separa a los que no se soportan: Olvídate de las normas de protocolo y pon lo más lejos posible en la mesa a aquellas personas que ya se han enfrentado en anteriores ocasiones o son susceptibles de hacerlo, y sienta juntos en una posición central de la mesa, a aquellos que tienen “buena onda” y están considerados mejores tertulianos para que la conversación fluya lo más naturalmente posible. Eso sí, a la hora de separar a los boicoteadores el psicólogo Sergio García Soriano recomienda prestar mucha atención: no hay que ponerlos en esquinas opuestas desde las que se puedan retarse visualmente.

  9. Ten mucho tino con los regalos: ¡Cuidado! Hacer regalos o jugar a ser Papá Noel se puede volver en tu contra, especialmente si haces el mismo regalo a distintas personas. ¿Por qué? Porque tratar a dos personas por igual puede generar celos y comparaciones del tipo: «¿por qué ha de gustarme a mí lo que le gusta a él?». Si en tu familia hay tensiones, evita los regalos y los amigos invisibles.

  10. Viste elegante, pero no ostentoso: Las fiestas navideñas suelen ser una buena ocasión para que saquemos nuestras mejores galas del armario. Sin embargo, la elegancia no debe ser sinónimo ni de ostentación ni de provocación, porque podríamos generar críticas no deseadas y miraditas de nuestros vecinos de mesa. Si estás en el extremo opuesto y tu espíritu navideño no es el más desarrollado, tampoco debes caer en la tentación de no arreglarte, porque eso podría ser visto como un desaire por algunos de los miembros más tradicionales de la familia.

Siempre con una sonrisa

Una buena idea para no llevarte un disgusto si las cosas no salen como habías planeado es no idealizar el resultado de la cena. Eso te ayudará a no frustrarte y a aceptar la situación con deportividad. Tampoco te estreses. Y trata de estar de buen humor: saca a relucir tu lado más divertido (sin pasarte y sin hacer bromas que resulten ofensivas). Quizá esa positividad acabe contagiándose al resto del grupo y haga que todos estéis relajados y dispuestos a compartir una cena en paz.

Si ha habido riñas en cenas pasadas, pide a todos tus invitados que no provoquen ni caigan en provocaciones.

Para que la celebración llegue a buen puerto…

… LIMITA LA CENA A 90 MINUTOS: Por mucho esmero que hayas puesto en la preparación de la mesa y la comida de Navidad, los comensales no deben estar “atados” a la mesa más de una hora y media “Cuando se sobrepasan esos 90 minutos se entra en un periodo de prórroga en el que aumenta mucho la probabilidad de que estalle un conflicto entre los comensales –explica Sergio García Soriano–. Evitarlo es tan sencillo como limitar la cantidad de platos”.

APUESTA POR LOS TEMAS LIGEROS: “Cuando surgen problemas en las celebraciones navideñas, en la mayoría de las ocasiones es porque la cena o la comida se han prolongado más de la cuenta y ya hemos gastado todos nuestros cartuchos en temas de conversación no polémicos. Limitar el tiempo y apostar por una charla sobre temas ligeros es tarea de los anfitriones”, sostiene el psicólogo Sergio García Soriano.

... TRAS LA CENA, CAMBIA DE LUGAR: “Transcurridos los 90 minutos máximos que debe durar la cena –explica García Soriano–, no procede seguir sentados”. Lo ideal es que los anfitriones den ejemplo y se levanten, estiren las piernas, cambien de ambiente y dejen que los fumadores salgan de la sala para darse al vicio. Parece sencillo, pero lograrlo es todo un arte.

Ambienta la casa con música suave y no recargues la mesa. Así no estresarás a tus invitados.

 

 

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