Cambio de colegio: 6 estrategias para ayudarlos

El arranque de curso no es fácil. Y mucho menos si toca cambiar de colegio: nuevo centro, nuevos profesores, nuevos compañeros… Necesitarán toda tu ayuda para adaptarse sin problemas.

Riley tiene 11 años. Es una niña feliz de Minessotta que un buen día debe dejar el lugar donde ha vivido siempre, y su colegio de toda la vida, para trasladarse a San Francisco, una ciudad lejana, nueva y desconocida donde su padre se va a incorporar a un nuevo trabajo. Ella es la protagonista de la película de animación Inside Up (Del revés), o mejor dicho, lo son sus sentimientos: la tristeza por dejar su entorno, sus amigos, sus profesores; el miedo a lo desconocido, a estar sola… No es una situación extraña.

Un nuevo trabajo, un divorcio o la búsqueda de una mejor calidad de vida son motivos que pueden acarrear un cambio de colegio. Y ese cambio siempre tiene su impacto en el universo infantil, construido sobre los cimientos de la rutina y la seguridad. El niño dejará atrás a sus amigos, sus profesores y, en algunos casos, su casa, su habitación... ¡su todo! Un trastorno semejante puede tener consecuencias en su desempeño académico, en sus relaciones, en su comportamiento, en su humor…

Pero si le preparas para el cambio, le implicas en el proceso y evitas las sorpresas, la adaptación será sencilla.

  1. Infórmale: eso le tranquilizará. Explícale cuáles serán los cambios y escúchale, animándole a que te cuente sus temores y lo que vais a hacer para salvar esos escollos. Sobre todo, respeta sus puntos de vista y no trivialices sus incertidumbres. No uses frases del tipo «tener miedo de eso es una tontería» o «eso no tiene importancia».
  1. Comparte tus estrategias. La mejor manera de empatizar con tu hijo y de que se sienta comprendido y apoyado es compartiendo con él tus propios nervios por el cambio. Dile, por ejemplo, que tú también conocerás a un nuevo jefe y tendrás que acostumbrarte a nuevos compañeros. Explícale a que estrategias vas a recurrir tú para animarte, como pensar en los aspectos positivos del cambio.
  1. Resalta lo bueno del cambio. Enumérale todas las cosas que le gustarán de su nueva escuela (¡ojo, sin inventar ni exagerar!): si tiene una piscina donde podrá ir a natación, si organiza un campeonato de fútbol, si está justo al lado de zoo y podréis pasaros de vez en cuando…
  1. Haced juntos una visita anticipada. Id a conocer las nuevas instalaciones, preséntale a sus nuevos profesores y, si es posible ir contactando con otros alumnos, mejor que mejor. Así no se sentirá tan solo en los primeros días. Conviene, además, que los profesores estén informados de la situación para que puedan estar pendientes de su comportamiento, de si se relaciona bien con sus compañeros, de su participación en clase…
  1. Los cambios, uno por uno. Si el motivo del cambio implica también un traslado de casa o de ciudad, no lo dejes para el último momento ni te eternices con la mudanza. Conviene que la nueva casa esté en orden y que sea un entorno seguro y agradable cuando empiece el cole. Si se debe a cambios en la familia (divorcio, llegada de una nueva pareja o de un nuevo hermanito, por ejemplo) es importante que no coincida todo al mismo tiempo. Organízalo de manera que tenga que afrontar un solo motivo de inseguridad a la vez. La estabilidad es crucial en su vida, así que mientras algo se mueve y cambia, el resto de cosas de su vida debe permanecer en su sitio y como siempre.
  1. Ayúdale a hacer amigos. Pero sin forzarle. Organiza una merienda en casa y apúntale a las actividades que le gusten para que pueda jugar o trabajar en equipo.

 ¿Y si no quiere ir a clase?

El temor ante lo desconocido puede atenazar a algunos niños, que pueden negarse a ir a la escuela, tener repentinos dolores –reales o imaginarios– o dar pasitos atrás como volver a hacerse pis o querer dormir en la cama de papá y mamá. Si reaccionas dejando que el niño falte al colegio la situación se complicará y repercutirá negativamente en su integración. Los niños también pueden tener dificultades para dormir, falta de concentración, pérdida de apetito, ansiedad… Un par de semanas es un plazo razonable de adaptación. Si el rechazo al colegio sigue más allá de ese tiempo, conviene hablarlo con los maestros 0 los psicólogos.

El gran salto al instituto

A pesar de que a los 12 años ya son unos auténticos veteranos en la vida académica, el cambio de ciclo impone. Esto de estudiar empieza a ponerse serio y pueden estar muy perdidos, inquietos e inseguros… aunque no lo reconozcan.

UN MODERNO RITO DE PASO. Ir al instituto reviste un halo de empezar a hacerse mayor, de abandonar la niñez (aunque, en realidad, no tienen más de 12 años), de nuevas cotas de independencia.

Ese reto de adultez, alimentado por leyendas e historias que habrán oído aquí y allá (de hermanos mayores, por ejemplo) tiene una doble lectura: puede ser emocionante, pero también dar un poco miedo. Aunque muchos se nieguen a admitirlo, necesitan guía y apoyo.

CUÉNTALE CÓMO SERÁ. Explícale cómo será su día a día (los profesores, los horarios, las clases, los descansos, la carga que supondrán las diferentes asignaturas, los exámenes…). La información le dará tranquilidad. Sabiendo de antemano qué le deparará esto de hacerse mayor, afrontará el primer día con más seguridad.

LOS NUEVOS AMIGOS. El paso al instituto será más difícil si tiene que dejar atrás a antiguos compañeros y amigos en una edad en la que la pandilla tiene una gran importancia. Tratar de explicarle que conocerá a otros nuevos puede sonarle a cuento chino en pleno momento de separación. Aun así, aprovecha las comidas en familia o los ratos que paséis juntos para contarle tus aventuras de instituto, anécdotas divertidas de aquellos años y cómo allí conociste a la que hoy es tu mejor amiga.

ESTABLECE COMUNICACIÓN. Cuando el curso ya esté en marcha es importante hablar sobre las clases, sus estudios y la vida del instituto. No siempre querrá contártelo, pero la comunicación será más fácil si escuchas sin juzgar y si te interesas por sus cosas sin tratar de imponer tus propias opiniones. Plantea preguntas del tipo “¿Qué tienes pensado hacer sobre ese asunto?” o “¿y tú qué opinas de eso?”, pero sin que sea un tercer grado.

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