Está demostrado que ver la cara buena de la vida nos aleja de las enfermedades y alarga la vida.

Lo habrás escuchado mil y una veces, pero parece que si este tipo de evidencias no nos las corroboran estudios científicos serios, nunca llegamos a tenerlas por “verdades verdaderas”. En este  caso estudios los hay, y queremos hablarte de uno en concreto muy reciente.

Después de evaluar durante ocho años a 3.200 personas mayores de 60 años, científicos del University College London observaron que las personas que aseguraban ser más felices y disfrutar más de la vida mostraban menor deterioro físico y funcional día a día. Y en cambio, vieron que los menos satisfechos con la vida eran personas con enfermedades del corazón, diabetes, artritis o episodios de depresión, así como las que llevaban hábitos sedentarios. Esta interesante evidencia se suma a otras que ya se conocían sobre los optimistas: 

  1. Tienen menos enfermedades

Los estudios muestran que además de mostrar índices diarios de cortisol menores, lo que favorece la respuesta inmunológica, las personas positivas tienen niveles inferiores de citoquinas proinflamatorias, proteínas que se producen cuando nuestro organismo se siente amenazado y que favorecen la inflamación. Además, los optimistas presentan menos riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, ya que tienen en su organismo menos cantidad de sustancias químicas relacionadas con el estrés, lo cual también les ayuda a mantener niveles saludables de presión arterial. 

  1. Se recuperan antes

Ante determinadas operaciones quirúrgicas y lesiones que exigen reposo y rehabilitación, los estudios han mostrado que los optimistas tienen una recuperación más rápida y efectiva, porque se implican más en el proceso y asumen que las molestias y dolores son un paso transitorio y temporal hacia su recuperación o curación. 

  1. Viven más

Las personas más longevas destacan por tener, como normal general, una actitud ante la vida mucho más abierta y tolerante ante la adversidad que los pesimistas. El hecho de que estos últimos tiendan a vivir menos años tiene una estrecha relación con la manera en la que el estrés, la ansiedad, las tensiones y las preocupaciones suelen ir erosionando en ellos la salud de su organismo, así como su equilibrio mental. Se sabe, por ejemplo, que el estrés crónico y la depresión afectan a la memoria e incluso pueden atrofiar las estructuras cerebrales que la sustentan. Asimismo, una actitud vital negativa puede condicionar conductas poco saludables, sobre todo la adicción a sustancias nocivas como el alcohol y el tabaco.

 

El optimismo es “viral” ¡Contágiate!

Todos tenemos en el cerebro unas neuronas especiales, las llamadas “neuronas espejo”, que hacen posible que empaticemos con los demás. Gracias a ellas, por ejemplo, si estamos en un grupo en el que todos están riendo a carcajadas, nos ponemos a reír nosotros también sin necesidad de enterarnos de qué va el chiste, e igualmente compartiremos el sufrimiento ajeno sin experimentarlo en nuestra propia piel cuando nos enteramos de una desgracia.

Tenemos que utilizar más esas “neuronas espejo” para contagiarnos de la actitud positiva de las personas optimistas que nos rodean. De esa manera, contagiaremos nosotros también los beneficios saludables del optimismo a nuestro círculo de familiares, amigos y conocidos.

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