Llega el verano y las piscinas, playas, ríos, embalses, lagos, etc. se convierten en los lugares preferidos para huir del calor. Es una época de disfrute; sin embargo, viene asociada a una serie de afecciones que pueden llegar a ser peligrosas. Pero que no cunda el pánico: siguiendo algunas pautas higiénicas, de vida sana, vamos a conseguir darles de lado.

 

Los hongos

Durante el verano hay un mayor número de casos de infecciones cutáneas producidas por hongos. Estos microorganismos proliferan en ambientes húmedos y cálidos, por eso son más frecuentes en esta época. Además, el hecho de estar más en contacto con la naturaleza, el aire libre y determinados lugares públicos (piscinas, gimnasios o vestuarios) donde se encuentran los hongos, nos hace estar más expuestos a ellos.

Los más frecuentes son los que se localizan en las capas más superficiales de la piel, así como en el pelo, las uñas y las membranas mucosas. Se pueden transmitir de persona a persona por contacto o a través de objetos contaminados.

Para evitarlos, recuerda:

  • No andes descalzo. Usa chanclas o zapatillas aptas para el agua.

  • Evita la ropa húmeda.

  • Seca los pliegues de la piel después de bañarte.

  • Extrema la higiene y no compartas tus objetos de aseo personal, como peines, cepillos, toallas, etc.

Cortes de digestión

Después de comer, si nos bañamos en agua fría, la sangre se desplaza desde el estómago a otros órganos, como la piel, para equilibrar el cambio de temperatura. Estamos provocando una brusca falta de sangre en el sistema digestivo, que se traduce en un “corte de digestión”. Esta indigestión también puede surgir al meterse al agua después de haber estado expuesto al sol o de realizar ejercicio físico intenso.

Los médicos recomiendan guardar al menos una hora y media de reposo antes de volver al agua para que el sistema digestivo trabaje sin ninguna interrupción.

Los síntomas previos a un corte de digestión suelen ser mareo, escalofríos, náuseas, calambres, sudoración y vómitos. Ante cualquiera de ellos, se debe salir del agua, porque corremos el riesgo de ahogarnos.

La insolación

Cuando la temperatura del cuerpo está muy por encima de lo normal –entre 38 y 41ºC– durante más de 10 minutos, algunos órganos, como el cerebro o los riñones, dejan de funcionar correctamente. Los niños, al ser más sensibles y estar más tiempo expuestos al sol, así como los mayores, que no suelen tener sensación de sed, son quienes deben tener más cuidado con la insolación.

Con el fin de que una insolación no nos sorprenda, se deben seguir estas precauciones:

  • Evitar los ambientes sin sombra en los que haga mucho calor y humedad.

  • Beber agua y otros líquidos, especialmente zumos naturales, para transpirar y estar bien hidratados. Las bebidas debe estar frescas, pero nunca muy frías, para evitar cortes de digestión.

  • No realizar esfuerzos físicos excesivos en las horas más cálidas del día (entre las 12 y las 16 horas).

  • Proteger la cabeza con un sombrero o gorro, mejor que con una visera o pañuelo.

 

 

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