De la cama a la nevera ¿Un trastorno alimentario?

En el “síndrome del comedor nocturno” intervienen diferentes factores psicólogicos y relacionados con el metabolismo que es conveniente atajar cuanto antes con ayuda profesional.


Llevas pocas horas durmiendo y, de repente, algo te despierta. No es el ruido, ni tampoco tienes frío, ni calor. Lo que hace que abras los ojos de par en par es ese “gusanillo” de todas las noches. La sensación de que necesitas comer algo YA para poder seguir durmiendo te impulsa a levantarte, por mucho sueño que tengas, da igual qué hora sea. Te diriges directamente a la cocina, abres el frigorífico y “atacas” los alimentos que más calorías tienen: chocolate, bollos, un bocadillo de embutido o de queso, leche con galletas... que son los que calman tus ansias. Sabes que te sobran algunos kilos y que deberías controlarte para intentar bajarlos. Pero, a pesar de la culpa y vergüenza inconfesables que te atormentan, el hambre puede contigo.

Devoras visto y no visto todo lo que te apetece hasta que te sacias. De vuelta a la cama, te cuesta volver a conciliar el sueño de nuevo, hasta que el cansancio te vence y duermes dos, tres horas más. Quizá, más tarde vuelvas.

Cuando este hábito se convierte en un ritual que se practica noche tras noche, hay que prestarle la atención que se merece, porque podemos estar padeciendo un trastorno de la conducta alimentaria que se conoce como “síndrome del comedor nocturno”, o del “atracón nocturno”, que por supuesto, no debemos confundir con una necesidad esporádica de levantarse para “picar algo” alguna vez, ni con el sonambulismo.

No es bulimia

Este síndrome puede parecer próximo a la bulimia, pero tiene rasgos característicos que lo diferencian

de ella: el momento de la ingesta es exclusivamente por la noche, la persona no siente necesidad de vomitar lo que ha comido (aun teniendo sentimientos de culpa) y, por lo general, se recurre a pequeños y frecuentes picoteos, en vez de darse grandes “atracones”. Además, este trastorno se asocia a menudo al insomnio, ya que verse obligado a levantarse varias veces de la cama dificulta la conciliación del sueño e impide un descanso completo y reparador.

Diversos factores

Según los expertos, el factor principal que puede explicar esta síndrome es una alteración del sistema neuroendocrino, pero no cabe duda de que intervienen su desarrollo muy diversos factores que predisponen a padecerlo, entre ellos, los de tipo psicológico: dificultad para aceptar y manejar las emociones negativas (miedo tristeza, frustración, ira), falta de habilidades sociales y baja autoestima, que desencadenan un estrés y una ansiedad que se alivian momentáneamente gracias a la comida.

Aunque el “síndrome del comedor nocturno” sea un trastorno de la conducta alimentaria quizá menos conocido y estudiado, su tratamiento es tan importante como el de la bulimia o la anorexia nerviosa, porque sus consecuencias pueden hacer serie mella en la salud física y mental de la persona que lo padece.

Así afecta al organismo

Los afectados por este síndrome suelen presentar un importante sobrepeso u obesidad. De hecho, es uno de los factores que más predisponen a la obesidad, y se estima que entre el 20% y el 30% de las personas que acuden a la consulta de un médico por obesidad lo padecen.

Los afectados, por lo general, no tienen apetito durante el día (nunca desayunan y retrasan la hora de la comida), pero ingieren en la cena y durante la madrugada más de la mitad de las calorías que toman en toda la jornada. Este claro desequilibrio pueden conllevar serias alteraciones, como las siguientes:

  • Disminución de los niveles de leptina y melatonina durante el sueño. Estas sustancias están implicadas en la regulación del peso, y se relacionan con el impulso que incita a comer por la noche y con el insomnio.

  • Aumento de los niveles de cortisol en sangre. Esto viene provocado por el estrés nocturno. El cortisol está implicado en el metabolismo de la glucosa, a través de la secrección de la insulina. Esta alteración, junto a la transgresión de alimentos durante la noche, conlleva un aumento de cuerpos cetónicos, lo que explica la falta de apetito durante el día.

  • Alteración del sistema nervioso central y del ritmo circadiano (regulación de los estados de vigilia y sueño, así como el apetito). Explican los frecuentes cambios de humor de las personas afectadas por este síndrome, que además tienen una mayor predisposición a la depresión.

Se puede superar

Afortunadamente, aunque este y otros trastornos de la conducta alimentaria están aún no se conocen a fondo, se pueden superar gracias a un tratamiento que incluya la terapia psicológica y el aprendizaje de pautas de alimentación correctas. Los especialistas en obesidad y nutrición disponen ya, incluso de un cuestionario específico para evaluar hasta qué punto una persona padece este síndrome. 

No te quedes con hambre

  • Está demostrado que es más sano realizar cinco seis pequeñas comidas repartidas a lo largo de la jornada que comer solo dos o tres veces al día, sobre todo si las comidas contienen varios platos y muy calóricos.

  • Tan importante es el desayuno (mejor si lo repartes en dos tomas: a primera hora y a media mañana) como la merienda a media tarde, para llegar a la cena con un apetito moderado: una fruta fresca, un pequeño bocadillo con pan integral, un puñado de frutos secos (no fritos ni salados) o un yogur desnatado son buenas ideas.

  • Si tienes costumbre de cenar temprano, antes de ir a dormir puedes tomar una recena ligera (un vaso de leche caliente o un yogur, por ejemplo). Evita alimentos muy calóricos.

  • Para controlar el apetito al final del día, hacer ejercicio puede ayudar. Conviene que sea al menos tres horas antes de irte a la cama y de intensidad moderada, para favorecer el buen descanso.

Busca ayuda 

El médico de familia puede orientarte sobre si realmente padeces el “síndrome del comedor nocturno”. En caso necesario, y para salir de dudas, seguramente te derivará a un endocrinólogo y a un especialista en psicología clínica o psiquiatría para que te trate de una forma coordinada.

Más del 90% de las personas afectadas por trastornos de la conducta alimentaria son mujeres de entre 12 y 25 años, pero también aparecen a edades más tardías, según datos de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia Nerviosas.

 

 

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