Ya nos vamos despidiendo poco a poco de las temperaturas altas, y las sandalias y zapatos ligeros del verano van dando paso al calzado cerrado que nos acompañará durante el otoño, el invierno y parte de la primavera. Para que tus pies no sufran con el cambio y no te den problemas en adelante, ten en cuenta estos consejos...

Si los cuidas como se merecen con zapatos adecuados, tus pies te lo agradecerán.

  • Zapatos de salón. Los callos, juanetes y rozaduras son sólo algunas consecuencias que podemos sufrir si nos empeñamos en “embutir” los pies en zapatos con puntera estrecha y tacón demasiado alto. Lo más sano es apostar por la comodidad: zapatos de forma cómoda que permitan al pie permanecer en una postura relajada y tacón de media altura (de tres o cuatro centímetros como máximo). Tanto para hombre como para mujer, hay que elegir con preferencia zapatos de materiales de calidad, como el cuero.

  • Botas bajas. Se han puesto de moda en los últimos años porque parecen muy cómodas y “todoterreno”, pero hay que tener precaución con ellas. Al carecer casi por completo de suela y de plantilla interior, el pie es el que absorbe directamente los impactos al caminar. Si son apretadas en la pantorrilla, impiden una correcta circulación de la sangre en la pierna y favorecen la acumulación de líquidos en tobillos y rodillas. Las que vienen forradas de material plástico o borreguillo sintético pueden producir irritaciones y alergias al aumentar la sudoración. Por tanto, si te gustan las botas, úsalas con tacón mediano, bien forradas por dentro y hechas de materiales nobles.

  • Zapatillas de deporte. Son sanas y confortables si se adaptan a la forma natural de los pies, sostienen el tobillo sin apretarlo y sujetan bien el arco plantar. Pero no deben llevarse puestas todo el día (¡recuérdaselo a tus hijos o nietos adolescentes!) porque el sudor favorece la aparición de hongos. Los calcetines con ellas son imprescindibles.

  • Calzado de montaña. ¿Tu afición es caminar por la montaña? Entonces, usa unas buenas botas específicas para esta actividad; evitarás caídas y lesiones. Pero, cuidado: no “estrangules” tus pies apretando en exceso los cordones. Deben estar sujetos, pero también cómodos. De lo contrario, reducirás su movilidad y flexibilidad, lo cual lo compensarán las rodillas y las caderas, que soportarán una mayor tensión aunque no te des cuenta.

No olvides que...

  • Los pies son el sostén de toda la estructura corporal, por lo que es esencial usar unos zapatos cómodos y bien fabricados.

  • El calzado de buena calidad normalmente te costará más caro, pero a la larga, será mucho más rentable para tu salud. ¡Y te durará más tiempo!

  • Si alguno de tus zapatos se rompe, es posible que el zapatero pueda arregarlo. Pero si se deforma, deséchalo para evitar lesiones o alteraciones en tu pisada.

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