Diabetes Mellitus

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La diabetes es una enfermedad en la cual hay un déficit en el funcionamiento de una hormona secretada por el páncreas denominada insulina. Este déficit de función puede ser debido a dos causas, lo que dará lugar a los 2 principales tipos de diabetes que existen:

  1. Déficit en la producción de insulina: es la diabetes tipo 1.
  2. Aumento de la resistencia a la acción de la insulina en los tejidos: diabetes tipo 2.

TIPOS

Diabetes tipo 1:

La edad de comienzo es más temprana que la tipo 2, habitualmente antes de los 40 años. El inicio de los síntomas suele ser brusco con sed, diuresis excesiva (aumento en el volumen de la orina), aumento del apetito y pérdida de peso, que se desarrolla a lo largo de varios días. Los niveles de insulina en sangre están muy disminuidos o son indetectables. Una vez que aparecen los síntomas es necesario el tratamiento con insulina.

La causa de la diabetes tipo 1 no es conocida del todo aunque parece que el sistema inmune juega un papel principal en el desarrollo de esta enfermedad, el cual sintetiza anticuerpos contra las células productoras de insulina con la consiguiente destrucción de éstas. La carga familiar es pequeña en este tipo de diabetes, lo que significa que el tener un familiar con esta enfermedad no supone un aumento significativo del riesgo para el resto de los miembros de la familia. El tratamiento es insulina de por vida.

Diabetes tipo 2:

La edad de comienzo es más tardía, es decir, por encima de los 40 años. El paciente suele mostrar de forma característica un exceso de peso. Los síntomas comienzan de forma más gradual que la tipo 1 y el diagnóstico suele realizarse al descubrir una elevación en las cifras de glucosa en una analítica realizada por otras causas en una persona asintomática. A diferencia de la tipo 1 los niveles de insulina en sangre son normales o están aumentados en la fase inicial de la enfermedad. En esta fase el tratamiento consiste en pastillas (antidiabéticos orales) que estimulan la secreción de insulina por parte del páncreas, disminuyen la resistencia a la acción de la insulina en los tejidos y disminuyen y retardan la absorción de hidratos de carbono en el tubo digestivo. A medida que pasa el tiempo el páncreas va agotando sus reservas y en las fases finales los niveles de insulina sanguíneos disminuyen hasta hacerse indetectables, y es en esta fase cuando se hace necesario el tratamiento con insulina. La carga familiar es mayor que en el tipo 1, siendo la obesidad un importante factor predisponerte para su aparición.

COMPLICACIONES

Cuando se añade algún problema agudo como son las infecciones o el incumplimiento del tratamiento, pueden aparecer dos complicaciones graves a corto plazo, como son la cetoacidosis y el estado hiperosmolar, situaciones ambas graves que requieren hospitalización y tratamiento intensivo. El exceso de glucosa de forma más o menos mantenida produce además una serie de alteraciones en múltiples tejidos y órganos que puede llegar a poner en compromiso su función.

Los vasos sanguíneos sufren con más intensidad y en edades más tempranas alteraciones que conducen a la arteriosclerosis. Esta, a su vez, provoca que sean más frecuentes las enfermedades cardiovasculares, incluyendo la angina de pecho y el infarto de miocardio, los accidentes cerebrovasculares (trombosis cerebrales...), los déficits de riego sanguíneo intestinal, la insuficiencia arterial en las piernas, etc.

La función del riñón puede verse comprometida debida a una serie de alteraciones englobadas en el término de nefropatía diabética, no siendo rara la necesidad a largo plazo de diálisis e incluso de transplante.

El ojo sufre especialmente los efectos de la hiperglucemia mantenida, con distintas anomalías que degeneran en distintos grados de pérdida de visión, desde a leve hasta completa. Todas estas alteraciones se agrupan en la denominada retinopatía diabética.

El sistema nervioso periférico también puede llegar a alterarse de forma importante, provocando distintos tipos de afectación motora, sensitiva y de las funciones involuntarias o vegetativas, que a su vez afectan a distintos órganos. Es especialmente sensible el aparato digestivo, con distintos trastornos principalmente en su motilidad.

Otra parte del organismo que se afecta con frecuencia es el pie, de modo que existe una entidad específica conocida como “pie diabético”. Ante pequeños traumatismos y heridas, que pueden pasar desapercibidas dado que no hay una buena sensibilidad, se producen úlceras y escaras que a su vez se sobreinfectan con más frecuencia y curan y cicatrizan de forma más tórpida al no existir un buen riego sanguíneo, entrando en un círculo vicioso que en ocasiones puede llegar hasta la amputación a distintos niveles del miembro.

DIAGNÓSTICO

Se realiza mediante la detección de niveles altos de glucosa en sangre. Existen diversos criterios bioquímicos, y siempre conviene confirmar la alteración mediante un segundo análisis en un día diferente. En general, se considera que existe diabetes cuando los niveles de glucosa superan los 200 mg/dl en cualquier momento o cuando están por encima de 126 en ayunas. Si los niveles en ayunas se encuentran entre 110 y 126 debe realizarse una prueba de sobrecarga oral de glucosa para su confirmación. Si esta prueba no es normal pero no llega a las cifras para considerar diabetes, se habla de intolerancia a la glucosa o intolerancia hidrocarbonada, y puede ser el paso previo a la aparición con el tiempo de una diabetes franca.

CONTROL Y SEGUIMIENTO

El primer paso para un buen control de la enfermedad es que quien la sufra la conozca lo mejor posible y sea capaz de realizar gran parte de las actuaciones para este control de forma eficaz y sin intervención del médico salvo para las revisiones rutinarias y en caso de complicaciones. Cuanto mejor estén controladas las cifras de glucemia y cuanto más tiempo se perpetúe este control, menos frecuentes serán todas las complicaciones anteriormente descritas.

Es conveniente realizarse de forma periódica autocontroles de los niveles de glucosa, para lo cual existen distintos dispositivos que tan sólo requieren una gota de sangre, obtenida habitualmente tras un pinchazo en la yema de un dedo o el lóbulo de la oreja. En fases iniciales es bueno realizar algunos días un perfil completo, esto es, mediciones en ayunas y antes y después de cada comida. Incluso en ocasiones puede ser útil una determinación de madrugada. Los resultados deben apuntarse en unas agendas especialmente diseñadas al efecto, donde también se puede anotar la medicación tomada en cada momento, las enfermedades sufridas durante el período de medición, etc. A la vista de los resultados el médico puede ir modificando los hábitos del paciente así como los distintos tipos de fármacos y sus dosis. En los pacientes bien entrenados que reciben insulina, muchas veces son ellos mismos los que modifican la dosis de la misma o deciden qué comer en cada momento o qué actividad física realizar en función de los resultados.

Existe además un análisis que nos permite tener una idea más a medio plazo de si ha existido un buen control global de los niveles de glucosa en los tres meses anteriores. Se trata de la determinación de hemoglobina glicosilada. Sin embargo, esto ya requiere una extracción sanguínea y un procesamiento en laboratorio, así como supervisión del médico de atención primaria o el endocrinólogo.

TRATAMIENTO

Existen tres pilares fundamentales: El ejercicio físico, la dieta y los fármacos. Los tres son importantes y deben tenerse en cuenta de forma simultánea para que la enfermedad esté bien controlada.

Es importante realizar a diario una actividad física moderada que facilite la utilización en los distintos tejidos del exceso de glucosa del organismo. Puede ser suficiente con caminar al menos 30-60 minutos al día. Este ejercicio puede variarse en función de los niveles de glucosa.

En la alimentación debe evitarse el consumo de alimentos ricos en azúcares refinados (dulces, bollería) y en grasas. Por lo demás debe ser una dieta equilibrada. Conviene tener a mano no obstante algún dulce o similar por si se sufrieran síntomas de hipoglucemia (“bajada de azúcar”), como son mareo, sudoración, temblores, visión borrosa e incluso en ocasiones pérdida de conocimiento. Los regímenes deben ser individualizados y pautados por un médico.

En cuanto a los fármacos, los dos grandes grupos son la insulina y los antidiabéticos orales. Existen distintos tipos de insulina, cada una con distinta rapidez en el inicio de su efecto y con distinta duración del mismo, en función de las necesidades de cada persona. Hay también la posibilidad de combinaciones o mezclas de insulinas de acción rápida y lenta en la misma inyección. La inyección es subcutánea y suele aplicarse en el abdomen o en los muslos. Los antidiabéticos orales se clasifican en tres grandes grupos: aquellos que estimulan la secreción de insulina por el páncreas, los que estimulan su utilización en los distintos tejidos donde actúa y los que disminuyen la absorción de glucosa en el tubo digestivo a partir de los alimentos.

Debe ser el médico quien determine el tratamiento más adecuado en cada paciente individual en función de sus características, tanto médicas como de hábitos de vida, así como la frecuencia de revisiones y seguimiento.

 


La información contenida en este texto es meramente informativa, ante cualquier duda, consulte con su médico de cabecera.

 

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