La pareja sana

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Siempre me ha llamado la atención que, para dos de los retos más importantes de la vida de una persona (educar a los hijos y llevar a buen puerto la relación de pareja) no existen apenas lugares donde formarse.

Esas dos facetas tan esenciales para sentirse feliz son casi siempre de índole autodidacta. Y con lo autodidacta ya se sabe...

Pues lamentablemente nos lanzamos a formar una familia con mucha ilusión pero muy poca orientación y así pasa lo que pasa.

Cuando surgen las primeras tormentas en la relación, cunde el pánico y dejamos que la nave vaya a la deriva sin atrevernos a sujetar firmemente el timón.

Las tormentas, las crisis, las discusiones entre parejas son inevitables. La convivencia es complicada y las personas cambiamos con el tiempo. Si la pareja no está bien preparada, estas crisis pueden suponer mucho sufrimiento y hasta terminar en ruptura. Si, por el contrario, la pareja posee unos cimientos sólidos, las crisis lo único que hacen es fortalecer los lazos de la unión. Analicemos cuáles son esos cimientos sólidos. He aquí un esquema:

AMOR

CONFIANZA MUTUA




COMUNICACIÓN

SEXUALIDAD

El amor es el primer requisito indispensable. Dado que es un tema tan amplio y tan tratado en la literatura, me abstengo aquí de hacer comentarios, salvo que, cuando uno ama de verdad, acepta al otro tal cual es.

La comunicación es otro de los pilares básicos. Muchas de las parejas que acuden a mi consulta me suelen decir: «Nosotros nos comunicamos mucho». No confundamos, hablar no es comunicar. Para que haya una comunicación auténtica, tiene que haber un emisor y un receptor. Es decir, uno que hable y otro que escuche. No vale dos que hablen a la vez y menos a gritos.

Para escuchar bien, es necesario respetar el turno de palabra sin interrumpir ni hacer comentarios mientras el otro habla. Es importante dar muestras de atención: mirar, asentir... Así el hablante percibirá que sinceramente tratamos de entender. Es muy útil, al terminar la conversación, que cada uno resuma al otro lo que cree haber captado. De este modo, se corrigen los malos entendidos.

Otro error es confundir comunicar con atacar o reprochar. Es saludable expresar aquello que nos molesta, irrita o enfada, pero siempre utilizando un tono de voz comedido, sin insultos y siendo conciso. Es también aconsejable no utilizar generalizaciones del tipo: «Tú nunca me apoyas» o «Siempre te olvidas de mí».

Cuando tengamos que expresar a nuestra pareja cosas que nos hacen sentir mal, yo sugiero la fórmula de no comenzar con tú. El tú es un dedo acusador que pone al otro a la defensiva; por lo tanto, deja de escucharnos para defenderse con otro reproche.

Es mucho mejor emplear la fórmula: «Yo me siento__________cuando pasa__________». Por ejemplo: «Yo me siento triste cuando no recuerdas nuestro aniversario». Además, las quejas no sirven si no van acompañados de sugerencias positivas.

Para que las comunicaciones sean enriquecedoras y completas, no debemos olvidar manifestar los buenos aspectos de la relación. Cuando decimos lo que nos gusta del otro, potenciamos esos aspectos.

También es muy conveniente plantear las diferencias en lo que necesitan para sentirse amados. Tú puedes necesitar muestras de ternura o palabras románticas, mientras que tu pareja puede necesitar que te muestres más seductora o abiertamente más sexy. Aceptad y recordad estas diferencias para intentar satisfacer en lugar de restarles importancia.
Lo más importante en la relación de pareja es no esperar que el otro cambie, sino iniciar los cambios necesarios uno mismo. Si tratas al otro como te gustaría que te trataran a ti, la otra parte suele responder haciendo un cambio positivo. Recuerda el tiempo de noviazgo y recupera esa forma de tratar a tu pareja. Más de una vez, ha venido a mi consulta un solo miembro de la pareja y, al ir cambiando sus actitudes erróneas, la otra parte respondía a su vez cambiando las suyas. Es un error pretender cambiar al otro. Acepta su forma de ser. Seguramente, algunas de las cosas que ahora quieres que cambie fueron las que más te atrajeron en su momento.

Cuando nos respetamos, aceptamos y cubrimos nuestras necesidades, es más fácil que hagamos pequeñas concesiones que hacen la vida más agradable. Todo es cuestión de buscar puntos intermedios en lugar de situarnos tozudamente cada uno en nuestro rincón, esperando que sea el otro el que se acerque. Para no olvidar las cosas que nos unen, viene muy bien que cada miembro de la pareja escriba las cosas que tienen en común.

En resumen: comunicarse bien es saber escuchar con atención y hablar de forma clara, concisa (sin enrollarse), desechando agresiones verbales, proponiendo alternativas viables y acordando ser sinceros.

Si aprendemos a comunicarnos correctamente, el pilar de la confianza mutua será más fácil de potenciar. ¿Qué entendemos por confianza mutua? Básicamente, confiar significa tener la firme esperanza de que podemos contar con el otro y también que entre el otro y yo existe una complicidad. Tener confianza mutua es sentir que la pareja es un apoyo que va a estar ahí cuando lo necesitemos, que no nos va a abandonar.

Por último y no menos importante, uno de los pilares de la pareja es la sexualidad.

El sexo en la pareja no lo es todo, pero sí es muy importante y saludable. Las ventajas de hacer el amor son abundantes: rejuvenece, fortifica los músculos, ejercita el corazón, disminuye el estrés, da vitalidad... Pero quizá la ventaja más importante es que el sexo es una comunicación piel a piel profunda y satisfactoria que une los lazos afectivos entre una pareja.

Cuando hablamos de sexo, no sólo hablamos de penetración: hay muchas caricias que no tienen por qué terminar en lo exclusivamente genital. Por eso, el sexo o la sexualidad no deben tener edad.

Mi profesor de sexología, Efigenio Amezua, nos decía que los seres humanos somos seres sexuados desde un cuarto de hora antes de nacer hasta un cuarto de hora después de morirnos.

Vemos que las parejas más felices y estables son las que mantienen el fuego de la sexualidad vivo. En el sexo, todos nos tenemos que volver un poco niños y jugar con nuestros cuerpos procurando romper con las rutinas.

De nuevo, la comunicación es esencial. Es conveniente que hablemos de sexo con nuestra pareja, que le contemos lo que nos gusta, que informemos de lo que no nos gusta sintiéndonos libres.

Si potenciamos los cuatro pilares: amor, comunicación, confianza y sexualidad, nuestra relación mejorará.
El amor es como un ser vivo: requiere cuidados constantes para mantenerse sano.

Por Margarita Rojas

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